Si el aspecto procreador de la unión conyugal es excluido, entonces la verdad de la persona y del acto en si es destruida. Por fuera pareciera que el hombre y la mujer se están dando completamente a si mismos, pero en realidad no lo están, ya que rechazaron aceptar todo lo que el otro es, incluyendo su fertilidad.
Por el contrario, ejercitar el auto control de si mismo y el promover el respeto del uno a otro y hacia el acto conyugal, las parejas están llamadas a practicar la paternidad responsable y de esta manera actuar de una forma verdaderamente valiosa para la persona.
La otra manera de vivir el regalo de si mismo al cual todos y cada uno estamos llamados, es a través de la vocación del celibato. La persona célibe muestra al resto del mundo a lo que ultimadamente estamos llamados y destinados en el cielo: una unión completa con Dios.
Contrario a lo que mucha gente piensa, el celibato no es una represión de la propia sexualidad. Sino que el hombre o la mujer célibes, son llamados a usar su energía sexual para ser un regalo a los demás en diferentes maneras: en servir, en evangelizar, en ser padres espirituales, por nombrar solo algunas.
Juan Pablo II supo que vivir cualquiera de estos llamados no es fácil. Ni siquiera es posible sin la gracia redentora de Cristo. Pero, a través del poder de su muerte y resurrección, vivir en verdadera pureza de corazón en nuestras relaciones es realmente posible, y no solo posible, sino necesario!