De la misma manera, Adán y Eva pudieron ver las diferencias en sus cuerpos (recuerda que estaban desnudos) y ver que estaban llamados a la unión y comunión, llamados a AMARSE, para darse como un regalo a si mismos, tanto en cuerpo como en alma, de la manera física mas completa posible para un ser humano, es decir, la unión sexual.
Esta unión física indica y expresa una unión espiritual mas profunda. De la misma manera en que una sonrisa esta vacía si la persona no esta verdaderamente contenta, la unión sexual esta vacía sin una unión espiritual. No solo su comunión física indica una comunión invisible entre hombre y mujer, pero en verdad nos enseña que el amor, el darse a si mismo, es a lo que estamos todos llamados, y para lo que fuimos creados.
Juan Pablo II dijo que Dios creo nuestros cuerpos de la manera que lo hizo específicamente para mostrarnos que estamos llamados a amar, que la razón de nuestro existir es amar, para ser un regalo de nosotros mismos hacia los demás (no solamente a través del completo y permanente regalo de nosotros mismos en cada una de nuestras vocaciones, sino también en el día a día con cada persona que interactuemos). El llama a esto “El significado nupcial (esponsal) de nuestros cuerpos.”
El explicaba, “El cuerpo humana ha tenido desde un inicio…la capacidad de expresar el amor, ese amor en donde la persona se transforma en un regalo y a través de este regalo cumple el significado de su ser y su existencia.” (Teología del Cuerpo Enero 16, 1980)