Una “comunión de personas” ocurre cuando dos personas se dan libremente a si mismos y aceptan al otro en el amor. De hecho, el amor verdadero consiste precisamente en este regalo mutuo de si mismo. Así como lo vemos en los Evangelios, el propósito principal de la vida Cristiana es el Amor.
Otra de las citas favoritas de Juan Pablo II de Gaudium et Spes nos dice, “Cristo…enteramente revela el hombre al hombre mismo y hace claro su llamado supremo.” Que es lo que Cristo revela sino, “Nadie tiene amor mas grande, que aquel que da la vida por sus amigos”? (Jn 15:13) Es Cristo mismo quien nos revela nuestra vocación básica como personas al darse a si mismo a nosotros en su muerte en la Cruz.
A través de su Teología del Cuerpo, Juan Pablo II busco presentarnos el mensaje de amor del Evangelio de un modo nuevo y profundo. El supo que es el amor lo que toda persona busca. Y fue tan lejos como para decir, “El hombre no puede vivir sin Amor. El permanece siendo un ser que es incomprendido por si mismo, y su vida no tiene sentido si el amor no le es revelado, si no encuentra el amor, si no experimenta el amor y lo hace suyo, si no participa íntimamente en el.” (De la encíclica Redemptor Hominis – “El Redentor del Hombre”)
Que tiene que ver el cuerpo humano con todo esto? En un mundo en donde muy frecuentemente se representa al cuerpo como un objeto para el placer propio o como una maquina que no tiene mucho que ver con nuestro lado espiritual, Juan Pablo II busco de nuevo presentar la verdad tal como se encuentra en la Escritura.
El cuerpo no es solo una cosa más en la creación. Por el contrario, es una parte vital de lo que somos como seres humanos. Por que? Porque el cuerpo físico revela la parte espiritual de la persona. Por ejemplo, uno puede saber cuando una persona esta contenta a través de su sonrisa en el rostro. La felicidad no es algo físico, tangible o visible, por lo que necesitamos una señal física para expresarla.